A raíz de la columna (o “entrada”) publicada el pasado 14 de julio de 2008, titulada “Enfoque del vínculo social como explicación de la delincuencia”, quisiera no sólo invitarlos a familiarizarse con los comentarios o “posteos” de los interesados en el tema, sino también a leer el siguiente comentario enviado a mi mail por una ex alumna de postgrado de Argentina.
Estimado Profesor:
Tuve la suerte de tenerlo como Profesor en Santiago del Estero (República Argentina) en Noviembre de 2007.
De usted no sólo rescaté un cúmulo de conocimientos que vinieron a saciar las ansias de saber que me llevan a mis 58 años a continuar estudiando con el mismo vigor de la pasada juventud, sino a entender que el diálogo informal en las clases, no es tan informal, que el vestirse sin protocolo no es ir mal vestido, que hablar al estilo joven no es hablar mal, sino que es ir allanando el camino que conduce a la confianza que el alumno necesita.
En cuanto al escrito sobre la teoría que intenta explicar la delincuencia juvenil, coincido totalmente en que una de las causales de ella es la falta total de contención o límites claros dentro del hogar o carencia de afectividad familiar. La falta de diálogo , la falta de interés de los padres por la actividad de sus hijos, el considerar que lo material es todo para los jóvenes, cuando en realidad a partir desde su más temprana infancia los niños necesitan, en primer lugar, la actitud de escucha de su entorno familiar, que los padres le den importancia a las cosas importantes de él , que sientan que desde el afecto tiene la comprensión, la tolerancia pero también que desde el afecto debe entender los NO. Y que esos NO se justifican en muchas cuestiones de orden social y económica que el hijo debe entender a partir del diálogo inteligente. Justamente la carencia del diálogo lleva al púber y al joven a auto-castigarse haciendo uso de la violencia en sus distintas manifestaciones. Digo “auto-castigarse” - Profesor - como una manera de ejercer la violencia contra si mismo, ¿de qué manera? Fumando cigarrillos primero, fumando marihuana después, fumando otras drogas; luego, bebiendo, y en ese descontrol primero se da la violencia familiar.
Nosotros, los que hacemos educación, Profesor, somos pocos los que vemos estas problemáticas en nuestros jóvenes. Los demás critican y condenan. Este flagelo mío, suyo, de todos, requiere un tratamiento urgente y sería bueno que se inserte un nombre especial en todos los currícula prescriptos del mundo para salvar a nuestros jóvenes de la delincuencia.
Con inmenso respeto su alumna de la carrera de Magíster en Administración Educativa de Santiago del Estero, República Argentina: Licenciada María Sara Barrionuevo.
26 de julio de 2008

