lunes, 14 de julio de 2008

ENFOQUE DEL VÍNCULO SOCIAL COMO EXPLICACIÓN DE LA DELICUENCIA

Cuando estudiamos las causas de la delincuencia, podemos comprobar que ésta no es prerrogativa de los ambientes más desfavorecidos, ni el de una categoría étnica particular, sino que depende de la calidad de los lazos sociales.

A partir de allí, es posible que se desarrolle un enfoque del vínculo social en el cual podemos distinguir cuatro características principales: apego, compromiso, obligación y creencia. A continuación, damos a conocer a qué se refiere cada una de ellas.

1. APEGO: el grado de afecto del niño y del adolescente a su familia, a sus padres, a su medio y a las instituciones;

2. COMPROMISO: la aceptación y el sentimiento de compatibilidad respecto a un conjunto de objetivos y de intereses propuestos por la sociedad global;

3. DEBER: la participación efectiva en las actividades sociales; y

4. CREENCIA: la confianza en la validez de las reglas sociales y morales.

Desde esta perspectiva, entonces, la delincuencia tiene su origen en la ausencia del vínculo social. Por lo tanto, es posible desprender dos leyes esenciales de este principio teórico:

a) mientras más apego sienta un joven a su familia y a la escuela, menos riesgo presenta de convertirse en delincuente; y

b) mientras más comprometido esté en un proyecto escolar o de formación, menos tendencia tendrá a cometer delitos.

Estos indicadores han sido validados por las investigaciones que han abordado la temática bajo un ángulo complementario mostrando que en las relaciones padres-hijos, ciertos comportamientos de los progenitores constituyen los predictores más acertados de la delincuencia de los jóvenes.

De este modo, algunas investigaciones[1] despejan cuatro factores predictivos de la delincuencia, directamente ligados a la carencia relacional de los padres hacia sus hijos:

· la indiferencia, la despreocupación o la negligencia de los padres en lo concerniente a las actividades externas y especialmente en las salidas de sus hijos;

· la falta de firmeza, el abandono o la inconstancia de los padres en materia de disciplina;

· el rechazo del hijo por los padres;

· el débil apego del hijo a sus padres.

A partir de lo anterior, es posible, entonces, derivar tres aspectos del vínculo social, así como factores estructurantes de la relación padres-hijos:

· una familia cohesiva en la cual los padres se comporten de manera afectuosa con su hijo(a) y estén atentos a lo que siente, quiere y hace;

· una actitud parental que reconozca y evalúe los hechos y gestos del hijo;

· un comportamiento que repruebe sus malas acciones[2].

En una perspectiva complementaria, las teorías del aprendizaje social han mostrado que la violencia y el comportamiento agresivo son similares a otros comportamientos sociales aprendidos. En efecto, el aprendizaje de la violencia se produce a través de las relaciones existentes al interior de un grupo restringido, como pueden ser la familia, los amigos o las pandillas. Consecuentemente, los primeros estudios sobre esta temática ya habían indicado que el comportamiento violento dependía de la relación establecida al interior de un grupo, como las interpretaciones desfavorables que se dan entre estas personas respecto de la ley”[3].

Por lo tanto, bajo este enfoque, se asegura que los factores sociales son generalmente los más importantes en determinar la violencia, en donde la familia – como puede claramente notarse - tiene un rol preponderante.



[1] Sampson y Laub, 1993, citado por Fisher, G-N. (2003) Psychologie des violences sociales. Paris : Dunod: 26.

[2] Hirschi, 1983, citado por Fisher, op.cit.: 27.

[3] Sutherland, 1931, citado por Fisher, op.cit.: 27.

jueves, 10 de julio de 2008

COMENTARIO LIBRO: LOS CONFLICTOS ENTRE PROFESORES Y ALUMNOS, DE LA DESMOTIVACIÓN E INDISCIPLINA EN EL AULA

En la actualidad, un libro sobre educación escrito por un profesor es un aporte inconmensurable en esta área, sabido es, que diversas disciplinas han ingresado al campo de la educación, para investigarla, proponer nuevos paradigmas y generar prácticas pedagógicas que respondan a las necesidades contingentes. Considero que hablar sobre lo acontecido en el aula, desde dentro de la misma, aporta una visión rica en evidencia, que es comunicada desde un lenguaje común, comprensible y orientada a satisfacer expectativas concretas de colegas del país. La reflexión pedagógica a la que invita este libro, permite a los profesores apropiarse de los cambios en educación acontecidos en el país, así como participar activamente en lo venidero. Se invita a pensar la educación.
Con relación al tema en cuestión, los conflictos entre profesores y alumnos, de la desmotivación e indisciplina en el aula, destaco la rigurosidad para dar respuesta mediante investigación a esta necesidad contingente tanto en el extranjero como en el país, lamentablemente más estudiada internacionalmente. El libro surge como resultado de la evidencia basada en investigación con muestra nacional, recopilación y análisis de información considerando la supervisión técnica de la prestigiosa universidad francesa Paris V, y el establecimiento de orientaciones posibles de aplicar en el salón de clases considerando bibliografía internacional actual. El manejo del conflicto en este libro encuentra su momento crucial en la metodología de la clase y en las estrategias relacionales utilizadas para promover en el alumno actitudes positivas hacia la clase, lo que hace posible llevar a cabo sus aportes.
Destaco el enfoque filosófico central de este libro, educar en valores, sobretodo enseñar en el amor expresado en bondad ejercida por un adulto, más aún cuando se trata de un conflicto con un menor de edad, a quien se le pueda educar en la vivencia, pese a los inconvenientes propios de la práctica pedagógica, de que el mundo está constituido por personas que deben vivir en paz, y que en la convivencia sana es que las personas se transforman a sí mismas y participan conjuntamente en la transformación del mundo.
La lectura afable invita al lector a revisar antiguas creencias y resistencias sobre manejo conductual, a desafiarse en encontrar en sí mismo todo el potencial humano para colocarlo al servicio de la formación de mejores personas.
Quisiera finalizar agradeciendo al Doctor Patricio Calderón sus aportes al gremio de profesores y a otras profesiones afines, en cuanto a la reflexión y elaboración de propuestas para la mejora de los conflictos entre profesores y alumnos.

Psicólogo César Bravo
Coordinador General Grupo de profesionales Sinergia
Rancagua, Chile

miércoles, 25 de junio de 2008

INVITACIÓN A EDUCADORES(AS) DE RANCAGUA

La Organización SINERGIA de la ciudad de RANCAGUA, formada por profesionales de la Salud y la Educación, en el marco de uno de sus propósitos que señala "crear puentes de conocimiento y experiencias de aplicación entre las Ciencias de la Educación y de la Salud Mental", auspicia la presentación del libro “Los Conflictos entre Profesores y Alumnos: del aburrimiento, desmotivación e indisciplina en la escuela”, para el día viernes 27 de junio de 2008, a las 9:00 hrs.
Este evento se realizará en el Salón Oscar Castro, ubicado en la calle Germán Riesco 350, 2º piso, de la ciudad de Rancagua.
A este acto han comprometido su asistencia y participación autoridades educacionales y de la salud, directivos de establecimientos educacionales, psicólogos, orientadores, profesores y alumnos de establecimientos educacionales de la región.

Todas aquellas personas interesadas en el tema, quedan cordialmente invitadas al evento.

miércoles, 4 de junio de 2008

¿TEORÍA SIN PRÁCTICA? ¿PRÁCTICA SIN TEORÍA?



¿Qué le lleva a estar leyendo esta columna en este blog? ¿Cómo es que usted decidió pasar parte de su tiempo aquí? La respuesta suya a cualquiera de estas dos preguntas es teoría (incluso la forma de hacer las preguntas iniciales de este párrafo responden a una teoría)[1]. Sí, claro. Es verdad que el término teoría tiene un sinfín de acepciones, pero también es verdad que una de ellas nos señala que se refiere a una explicación, derivada de un conjunto de proposiciones interrelacionadas.

Tal vez su respuesta atienda a motivaciones, expectativas, obligaciones, compromisos, necesidades, encargos, en fin, todo un cúmulo de elementos básicos de algunas teorías científicas de las cuales tal vez usted no esté consciente. Aunque usted, claro está, puede dar su propia explicación, que para usted es su teoría personal o teoría práctica.

Este proceso interno de “darse cuenta” de porqué hace lo que hace puede ser muy interesante ya que le ayuda a reflexionar acerca de sus actitudes y comportamientos. ¿Nota que las explicaciones que se dan contienen conceptos y principios? Precisamente, esos son los principales ingredientes de las teorías científicas o explicativas.

Realmente lo que se espera es que la información anterior le ayude a entender que no puede haber práctica sin teoría y viceversa. Siempre vamos a encontrar una explicación a un hecho, suceso o praxis. Así como también después de nuestras ideas, decisiones, disposiciones, llegaremos a la acción (praxis, hecho o suceso).

Veamos un caso de lo que estamos presenciando desde hace ya bastante tiempo. Todo parece ser urgente, inmediato, vertiginoso (en verdad, “para ayer”), indispensable, los alumnos no esperan que el profesor finalice su explicación, se enojan cuando no se les permite interrumpir la idea explicativa (teoría) que ellos mismos pidieron…, generación “on-off”, dijo alguien. Entonces se encuentra la explicación (teoría práctica) para este tipo de generación, que “es así”, “rápida”, “práctica”, “producto de una sociedad que se hace cada día más pragmática e inmediatista”, por lo tanto, un hermoso desafío para hacerla reflexionar.

A propósito de la columna anterior, “Algunas formas de despejar nuestros obstáculos mentales en clases”, punto 4, que decía: “Dejemos que los alumnos usen su imaginación y fantasía. Tratemos de no apurarlos en sus reflexiones, planteamiento de interrogantes o respuestas. Deben sentirse libres para inventar, crear, innovar. No los interrumpamos diciéndoles que sean ‘prácticos’”, mi alumno del postgrado de Magíster en Evaluación, Juan Carlos Quinchao, reacciona expresando:

“Ciertamente estoy de acuerdo con esta afirmación; sin embargo, considero que la sociedad hoy en día es una sociedad que copia modelos y a su vez es vertiginosa. En todo ámbito estamos constantemente copiando modelos y poniendo límites. Basta con sólo mirar alrededor y darme cuenta que la forma de vestir de los alumnos es de acuerdo a una tribu urbana. Los trabajos e investigaciones se copian y pegan de Internet, hay páginas especializadas en recolectar trabajos para ser usados nuevamente…”

Luego, agrega: “Los alumnos no están entregando el 100% de su creatividad, es más fácil utilizar algo ya creado que crearlo. Por otro lado, los profesores muchas veces coartan la imaginación y creatividad de los alumnos debido a razones de peso como por ejemplo, preparación para la PSU; no podemos como profesores decirles ‘tómate tu tiempo en buscar la solución a las preguntas’, tomando en cuenta que en PSU se está midiendo velocidad de respuesta, al igual que la prueba SIMCE. Tampoco podemos tomarnos todo el tiempo en analizar contenidos ‘detenidamente’, por la extensión de algunos programas de estudio. Qué ganas de hacerlo ya que lo importante no son los contenidos…”

Claro, entonces, con base en lo anterior, más de alguien va a sentir ganas de decir: “La teoría no tiene nada que ver con la realidad (práctica)”. ¡Ahá! Hemos llegado al punto crítico donde la juventud especialmente se apropia constantemente de la expresión anterior. ¿Qué ha pasado? Posiblemente que el concepto “teoría” no sea usado con la misma acepción que lo hacemos aquí. Otra lectura podría ser que una teoría en particular no se puede conectar con una práctica en especial, ¿no es cierto?

Si nuestra educación se pusiera de acuerdo en exponer ciertas teorías directrices –modelos, así también llamados - y proponer maneras de aplicarlas, en un diálogo constante con los maestros, probablemente ayudaría a que no se siguiera produciendo en la mente de los futuros profesores y profesores en servicio esta brecha entre teoría y práctica.





[1] Agradezco al psicólogo Ricardo Guerra Varela, quien hizo que recordara algunos principios de la teoría de la Programación Neuro Lingüística, para no iniciar las interrogantes con la palabra “¿Por qué?”, ya que ésta “lleva a que el receptor de la pregunta busque en argumentos racionales cognitivos, más bien apuntados a justificaciones, que no incrementan las posibilidades de transformación, cuestionamientos, etc.” Las palabras que se usan aquí “abren una calibración o sentido más cercano a los mundos afectivos, emocionales si se quiere”.

martes, 6 de mayo de 2008

Mis alumnos del “Taller de desarrollo del pensamiento lógico y creativo”, me han hecho puntualizar, a modo de síntesis, algunas prácticas que no sólo empleamos en ese curso, sino en cualquier otro que pretenda ayudar a nuestros alumnos a ser más creativos en la solución de problemas. Aquí están:



ALGUNAS FORMAS DE DESPEJAR NUESTROS OBSTÁCULOS MENTALES EN CLASES


1. No usemos la expresión, “Esta es la respuesta correcta”. Dejemos que los alumnos(as) la encuentren…, ¡si es que hay una sola respuesta! Idealmente los problemas a los que deben enfrentarse los aprendices, deberían tener más de una respuesta posible. Es importante que los alumnos(as) reflexionen, hagan insinuaciones, den más de una respuesta.

2. Desterremos los enunciados, “Esto es obvio” y/o “Eso no es lógico”. Obvio significa “que se encuentra o pone delante de los ojos”, viene del verbo “obviar”, evitar, “apartar de en medio de obstáculos”. Una vez que – como profesores, o futuros educadores - hayamos construido andamios para la construcción del aprendizaje del alumno o hayamos quitado los obstáculos, pregunte – si es necesario – “¿te parece obvio, ahora?” Preferiríamos decir: “¿Lo puedes ver más claramente, ahora? O, ¿qué te parece? ¿Qué piensas?
No todo debe ser lógico (¡lógico!). Además, los estudiantes, ¿pueden ver la o las “consecuencias naturales” de un fenómeno que estamos explicando (o ellos, investigando) de la manera como lo vemos nosotros? Pídales que usen una metáfora, por ejemplo, ésta mejora la lógica.
En síntesis, idealmente, tratemos de evitar en la comunicación con los alumnos estas expresiones, pues presentan una gran carga negativa debido a sus múltiples usos en forma despectiva, de reproche, reconvención (tipo sermón), humillante o irónica, por parte de muchos profesores.

3. ¿Es realmente necesario en todos los casos que los alumnos(as) “sigan las instrucciones al pie de la letra”? En muchos casos, no. Limitemos esta instrucción para cuando sólo realmente sea necesario. De otra manera, hagamos el intento de analizar con nuestros estudiantes qué sucede si se rompen las reglas. Así los estaremos ayudando a ampliar y a mejorar su creatividad.

4. Dejemos que los alumnos usen su imaginación y fantasía. Tratemos de no apurarlos en sus reflexiones, planteamiento de interrogantes o respuestas. Deben sentirse libres para inventar, crear, innovar. No los interrumpamos diciéndoles que sean “prácticos”.


5. ¿Hasta qué punto la ambigüedad puede considerarse una limitación o debilidad? En algunos casos, especialmente cuando queremos que nuestros alumnos(as) se expresen libremente y deseen innovar, es importante encontrar otras respuestas. El término “ambiguo” o la expresión “eso es ambiguo” generalmente connotan imágenes de regaño. No obstante, “ambiguo” significa “que puede entenderse de varios modos o admitir distintas interpretaciones”. El pensamiento divergente, entonces, debe admitirlo.

6. ¿Por qué los alumnos – en general - piensan que equivocarse o cometer errores es un acto vergonzoso? ¿Es posible que un profesor los haya ridiculizado por sus errores o haya permitido que sus compañeros se rieran de ellos? Es lo más probable. Sin embargo, no hay progreso sin errores o equivocaciones. Los aprendices deben ser convencidos que se obtienen nuevas y grandes ideas de los errores.


7. La sala de clases debería ser un lugar de entretenimiento que gire alrededor de temas interesantes. Por lo tanto, no digamos que “jugar es mera frivolidad”. Nosotros mismos, cuando nos hemos convertido en alumnos nuevamente – comúnmente en cursos de perfeccionamiento o al seguir programas de postgrado -, queremos “pasarlo bien”, ¿cierto? Entonces, ¿por qué negar esa posibilidad a nuestros propios alumnos(as)?

8. Si ante una consulta de nuestros estudiantes, encontramos que no sabemos la respuesta, no la inventemos ni digamos “lo siento, esa no es mi especialidad”. Invitémoslos a averiguar juntos la información para después, ayudarnos mutuamente a construir el conocimiento.


9. No seamos parte de esos profesores que se lamentan diciendo que ellos no quieren hacer el ridículo. Seamos histriónicos o exagerados, a veces – tal vez, muchas veces en nuestro campo – el fin justifica los medios. El fin que sea que nuestros alumnos aprendan, ¿los medios? ¡Todos los que sean necesarios! Mientras más estrategias creativas y fuera de la rutina utilicemos, tanto mejor. La rutina es latosa, fácil de olvidar. Lo ridículo es novedoso, difícil de olvidar.

10. Por favor, no sea de aquellos que se quejan diciendo “no tengo creatividad”. Todos somos creativos y tal vez nuestra mayor creatividad esté expresada en la forma en que hemos construido nuestra vida. Este hecho significa que hemos generado muchas ideas en nuestra existencia. Sigamos, entonces, creando nuevas ideas junto a nuestros alumnos.


Todas las sugerencias anteriores pueden ser utilizadas en cualquier método que usted y sus alumnos elijan trabajar en la sala de clases o en ambientes de aprendizaje diversos.

domingo, 27 de abril de 2008

Desarrollo de clases

La representación que muchos alumnos tienen de sus clases es de una actividad uniforme, estandarizada, y por ende, predecible, repetitiva y aburrida, que “no tiene ninguna sorpresa”. Tal como lo he dado a conocer en mi investigación doctoral, los alumnos ya saben lo que va a pasar. Un alumno de tercer año de enseñanza media lo sintetiza así: “El(la) profe llega –generalmente unos 5 minutos atrasado(a)-, pasa lista –obviamente se pierde tiempo en este acto-, a veces pregunta qué se pasó la última clase, muchos no pescan, otros contestan en coro y nadie entiende nada de lo que dicen, envía a un compañero a buscar tiza a la inspectoría, escribe instrucciones en la pizarra y luego dice, “lean el texto en la página 65 y contesten las preguntas de la página 66 siguiendo las instrucciones que acabo de escribir…, si queda tiempo, se corrigen las preguntas y se acaba la hora”. En otras ocasiones, sólo agregan actividades similarmente imaginables, tales como “el profe se las habla todas mientras algunos escuchan”, “en sus explicaciones no es natural, él no se permite utilizar el humor ni los errores en nosotros, ¡que son naturales! (además de normales y necesarios en el camino hacia el aprendizaje) o “no nos pesca si le hacemos preguntas…, dice (el profesor) que ese tiempo va en contra nuestro”.

Si hacemos un breve análisis, estos profesores no ayudan a sus estudiantes a que establezcan relaciones con sus representaciones o conocimientos previos, mediante analogías, metáforas o casos que les hagan sentido. Tampoco trabajan ejemplos de la vida diaria de sus alumnos para que los relacionen con lo que aprendan (aprendizaje situado o contextualizado) y para que desde allí, surjan las interrogantes de los aprendices. Tampoco el profesor insta a sus alumnos a que investiguen acerca de desafíos verdaderos a través de métodos indagatorios o de descubrimiento. Peor aún, el educador no ha intentado establecer una atmósfera de convivencia sana entre sus propios discípulos ni entre ellos y él. No debemos olvidar que “hay mayores probabilidades que la gente aprenda cuando se siente bien”, se siente considerada en forma individual o como parte de un grupo de trabajo colaborativo.

Según investigaciones en métodos de enseñanza, los estudiantes no “aprenden” o sólo aprenden para determinados - limitados - períodos de tiempo cuando el profesor dirige las actividades y no hace que los mismos alumnos descubran por si mismo la estructura del contenido que se supone apunta a un objetivo determinado.

Sí, hay mayores probabilidades que los alumnos aprendan de manera profunda y más o menos permanente cuando las formas de desarrollar las clases siguen enfoques en que se privilegia la actividad de los alumnos en pro de su propio aprendizaje, tal como lo preconizan las prácticas constructivistas.

Al aplicarse este último enfoque, los propios participantes basados en sus particulares representaciones, avanzan autoevaluándose, con la guía del profesor, quien no interviene para corregir sino para puntualizar aspectos claves de los principios, conceptos o teorías que los participantes deberán ser capaces de integrar poco a poco en sus estructuras o esquemas cognitivos.


Como profesor, se requiere mayor paciencia que la habitual y amplia comprensión pues como cualquier otra nueva estrategia que los alumnos experimentan por primera vez, ésta no es comprendida hasta que se les hace habitual. No obstante, como profesor se debe ser perseverante; se debe tener en mente una actividad sostenida de parte de los alumnos. En cualquier momento del desarrollo de la clase en que el maestro deba dar sus explicaciones, deberá cuidar de no plantear su visión, conclusión o “verdad”.


En efecto, la verdad del profesor no debe validarse por la recepción pasiva de parte del alumno o por imposición del profesor directa o indirectamente (caso de violencia simbólica).

La manera en que el alumno enfrenta el aprendizaje se hace activa, continua, lógica, creativa y crítica, cuestionándose una cierta realidad – NO la realidad presentada por el profesor -, sino la realidad que él/ella va construyendo.

Esta es una experiencia inolvidable, y muchas veces, de tipo permanente para los alumnos que la vivencian. A propósito, hace unas semanas uno de mis alumnos de postgrado reconocía este hecho al manifestar, “el profesor nunca nos quiso inculcar SU visión o SU definición particular del concepto de ‘currículum’ y creo que esa es la labor de un profesor; dar y señalar el abanico de posibilidades que existen de algún hecho determinado para que uno mismo, después de varias experiencias de aprendizaje, decida sobre cuál concepción tomar, adoptar o adaptar. A mi juicio es una cualidad bastante difícil de lograr porque implica un dominio demasiado acabado de un número muy grande de concepciones y acepciones”.

Si seguimos el ejemplo de los profesores “que no prefieren sus alumnos”, aquellos con quienes comenzamos esta columna, como ‘educadores’ seguiremos en una rutina en que pareciera que jugáramos a enseñar, mientras nuestros alumnos simulan aprender. En otras palabras, continuaremos llevando todo envasado en un mal libro (generalmente ajeno a las realidades de los alumnos y a sus representaciones iniciales), en un power point o en un DVD. Abriremos el envase en el momento oportuno, acto seguido, comenzaremos a vaciar - poco a poco – el contenido en la mente de los alumnos, hasta que no quede una gota …, de información, que transportaba el profesor, o de paciencia de parte de los alumnos, que no tendrán la posibilidad o los dispositivos que les permitan convertir tal información en conocimiento.

Triste, pero verdadero

viernes, 21 de marzo de 2008

VIOLENCIA Y TICs EN NIÑOS

Cada vez que nos referimos al término violencia, debemos recordar que hacemos uso de un vocablo extremadamente connotativo. Es preciso señalar que la violencia es una representación ambigua: lo que es violencia para una persona, no necesariamente lo es para otra.

“Es la emoción bajo la cual se vive esa relación, la que le da el carácter de violenta y no violenta” (H. Maturana).

La definición más generalizada es aquella que señala que la violencia es la manera de proceder contra el modo natural o la voluntad del otro. Incluso, los niños de 8 años están de acuerdo con esta definición (sin haberla escuchado o leído con anterioridad) pues se han manifestado explicando que la violencia “es hacer al otro lo que el otro no quiere”.

Ahora, tal vez lo más importante es que NO conocemos estudios que concluyan de manera fehaciente que la violencia en softwares, como juegos de video/ computación, o en los programas que ven los niños en la televisión, les provoque conductas similares a las que observan. En otras palabras, no por sólo ver este tipo de programas, los niños se tornan más violentos.
Sólo podría suceder si estos niños ya estuvieran expuestos a este tipo de comportamientos por sus propias familias o por las pandillas del barrio, lo que sería un caso de reforzamiento de las conductas ya aprendidas y ya arraigadas en ellos. Es decir, un chico violento será más violento si sigue expuesto a modelos de violencia a través de las Tics u otros medios, como pueden ser los contenidos de algunos programas de TV o de computación.

Por ejemplo, los niños ven la televisión o DVDs sabiendo que aquello que está en la pantalla no es real. La realidad, es decir, lo que han experimentado puede ser mucho más potente que las experiencias vicarias o artificiales entregadas por la televisión.

Ahora, no por eso no vamos a dejar de preocuparnos por aquellos niños que estén horas sentados frente al televisor o al computador (no puedo generalizar, conozco muchísimos niños que no ven televisión ni tienen computador).

Los estudios de los norteamericanos acerca del fenómeno denominado “couch potato” (la papa en el sillón) es preocupante porque se sabe desde años que la TV, y ahora el computador, se han convertido en las “niñeras electrónicas” frente a las cuales el infante es físicamente inactivo, con excepción de algunos de sus dedos y en un grado menor, intelectualmente, ya que muchas veces no alcanza a procesar la información que escucha y las acciones que observa para poder analizarlas y juzgarlas, especialmente cuando se trata de películas o videos.

Naturalmente, las características de los infantes hasta los 7 – 8 años es preferentemente JUGAR y JUGAR, ojalá con sus amigos y al aire libre. Esta tendencia se da también cuando el chico está en la educación parvularia y primer ciclo de educación básica, de allí que el fundamento de las metodologías lúdicas sea precisamente las características biopsicosociales de estos niños.

Ahora, si los padres no tienen otra alternativa, o es la más cómoda (“para que se queden tranquilitos”, por ejemplo), los chicos son mandados a ver la tele o a jugar con el computador, conductas que prevalecen en ellos y poco a poco aprenden a manejarse solitos, sin ayuda (¿acaso alguna vez la han requerido?), pero no se puede desconocer que es una práctica adquirida y con mucho refuerzo de parte de su familia o de la ausencia de ésta.

La inactividad del niño frente a la TV, especialmente, lo ayuda a nutrirse de este tipo de comportamientos, es decir, pereza, ociosidad, inacción. La nula o escasa estimulación para la participación ayuda a que se acostumbre a ser pasivo física e intelectualmente, conducta que se transfiere a la sala de clases o la interacción dentro de la familia. Lo contrario sucede cuando al niño se le enseña a ser un “espectador activo”, crítico de aquello que observa, compartiendo las ideas que puede tener sobre lo que ha observado junto a su familia o amigos.

Los niños más pequeños, idealmente, nunca debieran estar solos frente a una pantalla. Es más importante que sientan el contacto (la cercanía de la piel, el tacto) con un ser querido mientras están en esta actividad, quien les habla, los insta a que ellos se cuestionen lo que observan, ayudándolos a desmitificar el mensaje observado.

He visto padres que “siguen pegados frente a la tele o su PC”, más entusiasmados que sus hijos con aquello que aparece en la pantalla. Entonces, son los niños quienes instan a sus papás a hacer algo “más entretenido” (“salgamos”, “juguemos”, “vamos a andar en bicicleta”, “¿no podemos ir a una piscina techada?”, “vamos a mirar el mar”, “andemos a caballo”).

Corolario: Si los padres están presentes, los niños van a preferir cualquier actividad con ellos que no sea ver tele o estar en el computador, siempre que la disposición de los padres sea estar con sus hijos y no ponerse a “hacer sus cosas”. Ahora, si los padres están ausentes y los niños son reforzados a ver tele o estar en el computador, obviamente lo van a hacer. Entonces, la pregunta es “¿qué hacer para ayudar a los niños en la decodificación o lectura de estos mensajes?”

Si nos ponemos en un caso extremo, en que los padres no van a cambiar ni su actitud ni su conducta respecto a su niño frente a la tele o el PC, habría que intentar dejarles una actividad atractiva a los niños, tal como, “me encantaría que cuando yo esté de vuelta me cuentes cuáles fueron las dos preguntas que te surgieron respecto del programa que te tuvo entretenido; así podremos tener una interesante conversación acerca de lo que experimentaste”.

Los efectos de esas conversaciones pueden provocar una respuesta opuesta a seguir viendo tele o seguir jugando en el PC, o bien, juzgarlos desde una perspectiva crítica.

Idealmente, en los momentos que los niños están “acompañados por las TICs en sus hogares”, debieran recibir llamados telefónicos de sus padres no sólo para que sientan la presencia paternal sino para sentirse importantes en las vidas de sus progenitores, - que están presentes en las mentes de ellos a pesar de su alejamiento - y sentirse realmente amados. El regreso a casa de los padres debe, entonces, ser a una hora adecuada, que les permita interactuar con sus hijos lejos de las TICs.

Si no fuese así, es decir como se ha descrito en el párrafo anterior, querría decir que los niños podrían pensar o percibir que sus padres proceden de manera violenta contra ellos. ¿Por qué? Porque los niños sienten que sus padres, con su ausencia prolongada, “están haciéndoles a ellos lo que ellos no quieren”.

En consecuencia, la ausencia prolongada de los padres puede hacer más daño a los niños que su exposición continua a las Tics.